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Original vs Remake: La Cosa

En este especial, comparamos dos versiones bien diferentes de La Cosa, antártico filme de supervivencia grupal con un alienígena cambia-formas de enemigo. Separadas por treinta años y por el declive del cine clásico, son dos formas muy distintas de enfrentarse al género de terror.

La semana pasada mostrábamos dos aproximaciones al tema de la paranoia social global, especificada en la invasión extraterrestre a gran escala de “La Guerra de los Mundos”; en este caso, aunque hemos mantenido el tema del extraterrestre (símbolo del “otro” al que hay que temer, tema largamente explorado por la ficción estadounidense), la invasión se reduce a una escala doméstica en un contexto aislado, en el que héroes solitarios tendrán que enfrentarse a un ser de otro planeta que ha tomado el control de sus compañeros para poder salvar el resto del planeta. Las fricciones de la convivencia, pues, son ahora el caldo de cultivo.

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Inspiradas ambas versiones en un relato del escritor de ciencia-ficción de revista pulp John W. Campbell Jr., publicado en 1938, describen con mas o menos fidelidad (como veremos posteriormente) las vicisitudes que viven un pequeño grupo de científicos estadounidenses aislados en una estación de investigación en el Antártico. Tras encontrar enterrado en la nieve lo que parece un ser de otro planeta (lo que viene siendo la Cosa, un organismo capaz de imitar a otros seres vivos) y perderlo a continuación de vista, tendrán que enfrentarse a él con el añadido de que no sabrán si sus compañeros siguen siendo humanos o han sido asimilados por el engendro de otro planeta.

Como ya vimos con La Guerra de los Mundos, cada época tiene su conjunto de valores morales, tensiones políticas y movimientos sociales preeminentes, y todos estos factores han venido influyendo en cómo Hollywood, la mayor industria de cine del mundo (en cuanto a presupuesto y ambiciones; el talento ya está más repartido) ha presentado sus historias al gran público, primero estadounidense y luego, por exportación industrial y cultural, al del resto del mundo. Una historia tan ambigua como esta, en la que el enemigo no tiene propiamente una forma definida (se abre un enorme campo de simbología e incluso la cuestión práctica de los efectos especiales), se ha elaborado desde perspectivas bien distintas en los casos que veremos a continuación.

El enigma de otro mundo/La Cosa (Christian Nyby, 1951)

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Hija de su época y una buena muestra de la ciencia-ficción altamente patriótica de los cincuenta (ya hablamos de esto en nuestro especial sobre La Guerra de los Mundos), esta primera versión convierte a los científicos que hurgan donde no deben (la caja de Pandora-nave extraterrestre) en verdaderos jinetes del Apocalipsis que desatarían la terrible invasión sobre el planeta si no fuera porque las fuerzas del orden estadounidenses consiguen eliminar al monstruo antes de que escape de la base. La conmoción social después del punto final a la Segunda Guerra Mundial, bomba atómica mediante, tiene la culpa.

Desprovistos de los efectos visuales (prácticos o digitales) que desplegarían las siguientes versiones de la historia, los responsables decidieron tirar por lo fácil y convertir al ser amorfo en una especie de organismo vegetal mucho más sencillo de mostrar, que finalmente toma la forma de un hombre (uno bastante chapucero, si vemos el filme hoy en día); lo importante no será tanto el elemento de terror puro y visceral, como en la versión de Carpenter, sino la fricción entre los distintos personajes, que ya no saben en quién confiar, y la investigación que siguen para conseguir destruir al monstruo.

De este interés por la convivencia de un grupo de hombres en una situación límite tiene la culpa el cineasta clásico Howard Hawks, co-guionista no acreditado del filme y quizás (o quizás no) el verdadero director, existiendo una polémica sin fin que intenta dilucidar si fue el maestro el que tomó la batuta de mando o se mantuvo en los márgenes, influyendo igualmente en el menos celebrado Christian Nyby. Efectivamente, en los westerns de Hawks se plantea constantemente el tema de las relaciones de amistad masculinas, primando los personajes y sus encuentros y desencuentros sobre las tramas de acción; este esquema se traslada bastante claramente a la película, que sin embargo no llega al nivel de los westerns de Hawks y acaba resultando, a día de hoy, bastante lenta y deslavazada.

La Cosa (John Carpenter, 1982)

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El engendro del demonio con el que encabezamos el análisis de este filme dice bastante sobre algo de lo que nos podremos encontrar en él: efectos especiales prácticos que pocas veces se han vuelto a superar. Este interés por mostrar a la criatura en todo su esplendor maligno, jugando con la descripción que de ella se hace en el relato original (aquí la Cosa sí es una masa sin forma, que encuentra sus confines en tanto que va huyendo de forma de vida en forma de vida, protagonizando estados intermedios verdaderamente repugnantes) hace que el filme aterrice sin dudas en muchas de las listas de mejores películas de terror, sobre todo por la cuidada caracterización que hace del mal absoluto y sus calculadísimas apariciones.

Pero, afortunadamente, la película no es sólo eso. Carpenter es uno de los directores de género más clásicos que existen, combinando tramas propias de la serie B con una planificación equilibrada y un uso inteligentísimo de los tiempos muertos, las tensiones y los mecanismos del punto de vista. Y, siendo tan clásico, es evidente su admiración por Hawks; Carpenter utiliza esquemas de relación masculinos similares a los que utilizó el cineasta clásico, dividiéndose la película en dos continuos que van influyéndose el uno al otro: por un lado, la creciente tensión entre los miembros del equipo, que enloquecen y se inculpan unos a otros en un ambiente de nihilismo y decadencia generalizado, y por otro, las escasas pero memorables apariciones del monstruo, que acelera el ritmo lento que la película coge en alguna ocasión.

Con un John Carpenter en estado de gracia (también hay que decir que se trata de un estado de gracia que le duraría muy poco) y unas actuaciones sobrias pero efectivas de un grupo capitaneado por Kurt Russell (a la postre, héroe de culto y finalmente protagonista absoluto de la película), “La Cosa” continúa teniendo un fuerte mordiente hoy en día sobre todo (y en esto se parece a otros filmes como “El Exorcista”) por su tratamiento profundamente realista, casi aséptico, del tema sobrenatural al que se enfrenta. Finalmente, los personajes parecen ratas de laboratorio corriendo por un laberinto y ni siquiera al final sabremos, después de una dura batalla en la que las muertes inesperadas se suceden una detrás de otra, si han conseguido salvar a la Humanidad o han perecido en este festival de pesimismo y oscuridad que es la película.

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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