Puntuación:
Un final de la saga con un mal guion y un desenlace precipitado propio de un terrible tren de la bruja.
El director James Wan realizó con Expediente Warren: The Conjuring un homenaje nada disimulado al cine de terror de los setenta con la excusa de contar las andanzas de un polémico matrimonio real dedicado a lidiar con entes malignos. La habilidad del realizador de origen malasio para crear atmósferas turbadoras y un guion que usaba con soltura los lugares comunes del subgénero de casas encantadas convirtieron la película en un éxito de taquilla.

El cineasta repitió en una segunda parte Expediente Warren: El caso Enfield, que ahondaba con menor fortuna en algunas de las bondades de la primera entrega. El éxito de ambas provocó numerosos spin-offs a cuenta de algunos de los monstruos de la serie madre. Casi todas ellos son productos de usar y tirar producidos con escuetos presupuestos y con todos los defectos del cine más efectista y comercial.
Michael Chaves es uno de los directores que más se ha prodigado en la franquicia. A él le debemos ‘joyas’ como La Llorona, La Monja II y la aburridísima Expediente Warren: Obligado por el diablo, la tercera entrega de la saga madre. Todas ellas hacen gala de guiones simplones, tendencia al susto fácil e incapacidad para crear una atmósfera mínimamente turbadora. Eso sí, el escaso costo y las buenas recaudaciones han convertido estos títulos en un excelente negocio.

Como premio le han encargado Expediente Warren: El último rito, el largometraje que supuestamente terminará con la saga principal. Ian Goldberg, Richard Naing y David Johnson, tres guionistas habituales en la serie, deciden dar el mayor protagonismo posible al matrimonio de especialistas en lo paranormal para abordar su último caso, vinculado con uno de sus primeros trabajos y el nacimiento de su hija. De paso trasladan la acción de los setenta a los ochenta, una elección que permite incluir canciones y menciones a películas de la época. Como casi siempre, hay una familia acosada por entidades con malas intenciones a los que los Warren ayudarán. A modo de novedad se incluyen elementos de comedia estilo Los padres de ella con la excusa del romance de su hija con un joven.
Ninguno de sus escritores sabe agutinar todos estos ingredientes en una narración mínimamente coherente, que tarda mucho en despegar y se resuelve de manera precipitada. A todo ello hay que añadir que no ahonda en el origen de la amenaza y usa demasiados lugares comunes del cine de terror.

La guinda de este horrible pastel la pone Michael Chaves que bascula entre el efectismo barato y la puesta en escena más anodina. Como en la mayor parte de sus trabajos anteriores, todo tiene un aspecto deslucido que no esconde que es un mal tren de la bruja que desperdicia el trabajo de sus actores, especialmente de la habitualmente excepcional Vera Farmiga. Eso sí, los fans de la serie encontraran guiños y cameos presentes en anteriores entregas, aunque todo ello no arregle el monumental desaguisado.
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