62 largometrajes de 18 países distintos, 18 sold outs y 4.526 asistentes presenciales. Son las cifras de la octava edición del festival Cine por Mujeres, celebrado entre el 28 de octubre y el 9 de noviembre en varias sedes de Madrid. Una octava edición que tuvo como gran ganadora en la vertiente nacional a Sorda, película de Eva Libertad, que el jurado galardonó “por su extraordinario valor cinematográfico y social, al ofrecer una obra plenamente adaptada que invita a reflexionar sobre la convivencia entre el mundo de los oyentes y el de las personas con discapacidad auditiva”.
En el apartado de mejor dirección de una película española la premiada fue Avelina Prat por su trabajo en Una quinta portuguesa, de la que se valoró “su propuesta, delicada y precisa, que nos sumerge en universos paralelos que se cruzan sutilmente, tejiendo una historia de medias verdades con una sensibilidad que evoca a Pessoa, Oliveira y otros grandes referentes portugueses. Destaca además la elegancia en la composición visual y el equilibrio narrativo que revelan una prometedora voz autoral”.

En el apartado de película internacional la ganadora fue Happy Birthday, cinta egipcia donde el jurado destacó “la mirada de Sarah Goher a través de los ojos de Doha Ramadan, la pequeña y maravillosa actriz de 8 años, aporta la humanidad necesaria para entablar un debate sobre los privilegios y el papel de la mujer en nuestra sociedad”.
También se otorgó una Mención Especial del Jurado al filme Jakobs Ross (Songs Within), de Katalin Gödrös, “por su poderosa metáfora sobre el precio de la voz femenina —esa voz que aún hoy sigue pagando un alto costo por expresarse libremente”.
Aparte de los premios, gran parte de las películas exhibidas en el certamen destacó por la fuerza de sus protagonistas femeninas dentro de un mundo todavía dominado por la masculinidad.

El festival se abrió con Vida privada, producción de la directora francesa Rebecca Zlotowski protagonizada por una madura Jodie Foster, que aquí se desenvuelve perfectamente en la lengua de Molière. En ella encarna a una psicóloga que se siente responsable de la muerte de una paciente, que supuestamente acabó suicidándose. Desde el primer momento, ella intentará investigar el asunto junto a un ex marido que sigue enamorado de ella.
El largometraje se disfraza de una suerte de thriller con elementos cómicos que recuerda por momentos en el tono a Misterioso asesinato en Manhattan. No obstante, la supuesta investigación sirve para que el personaje principal descubra algunos aspectos de su existencia personal que quedaban pendientes. Irregular, el largometraje destaca por su estupendo reparto, donde además de una magistral Foster, figura la plana mayor del cine francés con nombres como Daniel Auteuil, Mathieu Amalric, Virginie Efira o Vincent Lacoste.

La mezcla de una realizadora gala y una actriz norteamericana también se repitió en Couture, dirigido por Alice Winocour y protagonizado por Angelina Jolie. El filme pretende reflejar el mundo de las pasarelas como algo más del espectáculo de vanidades que se nos muestra habitualmente. Lo hace a través de una obra de vidas cruzadas donde tienen cabida una directora de cine a la que se diagnostica un cáncer, una joven modelo que ha dejado a su familia en África , una maquilladora que escribe un libro sobre la realidad del mundo de la moda y una costurera que afronta la confección de un vestido crucial en un desfile. Sin embargo, la cinta nunca emociona, otorga muy diverso peso a cada una de sus personajes principales y acaba claudicando a la habitual superficialidad y el esteticismo vacío del sector del diseño, la ropa y los complementos. Es cierto que Jolie se deja la piel en su papel de artista con cáncer, pero no es suficiente para que la película se distancie de la mediocridad.

Otra película francesa presente en el certamen que también decepcionó fue Moi qui t’aimais, nuevo trabajo de Diane Kurys que muestra la problemática relación que mantuvieron el cantante y actor Yves Montand y la también intérprete Simone Signoret. La cineasta nos enseña en un principio como Roschdy Zem y Marina Foïs, que dan vida a los dos astros del séptimo arte, se convierten en sus personajes y entran en el decorado. Lejos de aportar algo al conjunto, este inicio evidencia más si cabe la incredulidad con la que el espectador mínimamente exigente se adentra en una historia repleta de celos profesionales y sentimentales. Todo suena falso, excesivamente televisivo y plano, a pesar del esfuerzo de sus dos protagonistas principales.

Tampoco acabó de convencer Alpha, tercer largometraje de Julia Ducournau, autora de las prestigiosas Crudo y Titane. La realizadora, que muchos consideran como una sucesora de David Cronenberg, traslada a un mundo que recuerda al de los años noventa del pasado siglo XX, donde un extraño virus que se trasmite a través del intercambio de sangre o semen convierte poco a poco a la gente en piedra. Evidentemente, nos encontramos ante una metáfora del sida. De nuevo estamos ante una suerte de body horror adornada con elementos de drama familiar y social que, a pesar de momentos inspirados, no acaba de funcionar del todo a causa de los excesivos subrayados, alguna trama que no va a ningún sitio y un desenlace muy confuso.

Lejos de la órbita gala también se pudo ver Palestine 36, cinta de Annemarie Jacir que ha sido elegida por Palestina para representarla en la próxima edición de los premios Óscar. La película nos muestra los inicios del conflicto con los judíos cuando era un protectorado británico. Lo hace a través de una serie de tramas donde se dan cita el drama familiar y el filme político. Lástima que, a pesar de los estupendos propósitos, la película solamente perfile de manera muy superficial los inicios del enfrentamiento que se perpetúa hasta la fecha, como los problemas de la denominada descolonización, en una producción deudora de las típicas producciones británicas de época.

El festival acogió la proyección de Tres adioses, adaptación del libro póstumo de la italiana Michela Murgia dirigida por Isabel Coixet. La cinta parece un curioso cruce entre Cosas que nunca te dije y Mi vida sin mí al mostrar la particular vida de una mujer que se recupera de una ruptura amorosa mientras afronta su eminente muerte. La cineasta catalana ofrece un drama salpicado de fugaces momentos de humor y comedia romántica que cala en el espectador gracias a la maravillosa interpretación de Alba Rohrwacher a pesar de algunas reiteraciones y cierta estética publicitaria, presente en los flashbacks del pasado de la protagonista.

El certamen también permitió disfrutar de The Sound of Falling, largometraje de Mascha Schilinski que ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cannes y ha sido elegido por Alemania para representar al país en la próxima edición de los Óscar. La cineasta germana nos muestra cuatro historias de mujeres que se desarrollan en una misma casa en diferentes tiempos. Schilinski entrelaza las diferentes tramas mostrando elementos que se repiten de una a otra imprimiendo a las imágenes una extraña fuerza. No obstante, a pesar del notable resultado, la cinta se alarga en demasía, lastrando un tanto el brillante conjunto.
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