Puntuación:
Impresionante adaptación de la obra de Homero al que cabe achacarle una excesiva frialdad.
La particular versión de La odisea que ha perpetrado Christopher Nolan es la quintaesencia de su cine. Como es habitual en el cineasta británico, nos encontramos con un grandioso espectáculo visual realizado con todos los medios de Hollywood, aunque envuelto en una aura reflexiva y grandilocuente. Quizá en esta ocasión solamente falte una de esas estructuras narrativas alambicadas tan queridas por el autor de El caballero oscuro.
En sus manos, el relato homérico se convierte en una particular mezcla de cinta de guerra, película de terror y thriller político . No obstante, Nolan renuncia un tanto a la épica para mostrarnos a un protagonista, Odiseo, un hombre que, lejos de encontrarse orgulloso de haber vencido en Troya y otras batallas, acarrea un complejo de culpa que será una de las razones ocultas por las que parezca retrasarse su regreso a Ítaca. En este sentido, el personaje se encuentra muy lejos de la más popular versión cinematográfica de la mítica obra grecolatina: Ulises, película dirigida por Mario Camerini y protagonizada por Kirk Douglas en 1954, donde el personaje principal era un héroe aventurero sin demasiados traumas.

El firmante de Interstellar renuncia al tono más lúdico para ofrecernos un viaje lleno de oscuridad y tragedia, reflejada en la impresionante fotografía de Hoyte van Hoytema, que prescinde de los colores más vivos para optar por tonalidades más apagadas. No es casual que muchos episodios se encuentren más cerca del puro terror, como la visita de Odiseo al Hades o el encuentro con la hechicera Circe, encarnada por una estupenda Samantha Morton.
No obstante, a pesar de la belleza de las imágenes rodadas en exteriores, es quizá el ámbito del thriller político desarrollado en interiores en el que la cinta alcanza su mayor intensidad. Todo lo visto anteriormente comienza a dotarse de sentido cuando Odiseo llega a Ítaca y tiene que deshacerse de todos aquellos que acosan a su adorada Penélope para desposarla y hacerse con el poder en el lugar. Es aquí cuando la película, quizá demasiado fría por momentos, alcanza sus instantes más emociantes, especialmente cuando el perro Argos le reconoce antes de morir o una criada descubre la identidad del monarca al que creían muerto.

Quizá sea ese tono excesivamente cerebral y un montaje algo precipitado, especialmente en la lucha final de Odiseo, la que desluzcan un tanto un producto comercial mimado desde casi todos los aspectos técnicos y artísticos. Dignos de mención dentro de un reparto cuajado de estrellas de Hollywood son los trabajos interpretativos de Matt Damon, que interioriza el particular drama de su personaje, y una magnífica Anne Hathaway, que imprime estoicismo a una aguerrida Penélope.
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