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Crítica de Whiplash (2014) el rayo de luna de Bécquer

Crítica de Whiplash

Un drama independiente dirigido por el cuasidebutante Damien Chazelle y protagonizado por Miles Teller y J.K. Simmons ganador del Globo de Oro por este papel.

La noche dormía, pero él no.  Un solitario solo de batería restalla en mitad del silencio que inunda la escuela musical más importante de EEUU. Un batería amateur de primer curso golpea los platillos y el tambor con la violencia y la pasión distintivas del que persigue un sueño, el rayo de luna del que hablaba Bécquer y que sigue escurriéndose por las esquinas de la obsesión laberíntica edificada en su mente. La mente de un individuo que se aísla del resto para que éstos mismos le recuerden cuando la muerte silencie su instrumento. La mente de alguien contradictorio, que siendo humano decide alejarse de lo humano precisamente para que la Humanidad con H mayúscula venere su nombre. Un mártir encadenado al calabozo metálico, con dos baquetas cosidas a sus manos obligándole a cumplir su penitencia y asombrar al mundo.

Whiplash es un drama independiente dirigido por el cuasidebutante Damien Chazelle y protagonizado por Miles Teller (The Spectacular Now) y J.K. Simmons (ganador del Globo de Oro por su papel en esta película). Whiplash se centra en esa obsesión por la perfección tan asociada con los escenarios (véase El cisne negro) y el deseo narcisista del artista de agradar, de dejar un poso imperecedero con su plástica actuación en la maleable memoria de las personas.

Otro de los temas centrales de Whiplash son las figuras el maestro y el pupilo. Ambas son antiquísimas, casi un grabado más en las rojizas paredes de Altamira. La relación abrasiva que los une, es un vínculo tan suicida como didáctico. A su vez, ese lazo está completamente ligado a la primera cuestión: “no hay dos palabras más dañinas en la lengua inglesa que ‘buen trabajo'”. El empellón léxico con el que arremete el profesor a su alumno es el que lanza a éste último a una maratón en solitario con una única meta: ser grande, único, leyenda. La elección de la batería como único “arma” de su protagonista, no es casualidad. Las afiladas baquetas son un estilete que pueden llevar al personaje interpretado por Teller a la grandeza o hacia la depresión más autodestructiva. Las secuencias agradecen la elección de este instrumento, puesto que es la materia prima ideal para grabar escenas y secuencias más llamativas, en las que el agotamiento enfermizo se haga más patente y el propio espectador resulte exhausto.

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La química destructiva de Teller y Simmons y  la espléndida BSO de música jazz se suman a los planos (todos ellos imprescindibles en la narración, no podríamos prescindir de ninguno puesto que incluso los basados en la repetición durante el ensayo forman parte de la creación de una atmósfera insoportablemente conductista y escolar, basada en el estímo-respuesta y la acción-repetición indefinidos hasta encontrar lo más cercano a la perfección) para hacer de Whiplash un sobresaliente film altamente recomendado.

Acerca de Sergio G. Arias

Estudiante de Periodismo. Pienso, luego escribo. Colaborador en https://www.cineralia.com/ y Redactor en http://www.elfutbolesinjusto.com/ y http://www.loslunesseriefilos.com/

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