domingo , julio 22 2018
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Crítica de Timbuktu. Nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa

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Plasmar la realidad en ficción no es nada fácil sin caen en algo ya manido cinematográficamente hablando. En Timbuktu el director Abderrahmane Sissako nos cuenta historias reales, plasmadas en un solo pueblo retratando unas personas sometidas pero a la vez inconformistas con lo que tienen.

Tombuctú está en manos de extremistas religiosos y sus habitantes deben enfrentarse a sus normas si quieren seguir viviendo allí. Los yihadistas quieren imponer sus normas: no escuchar música, reír o fumar entre otras muchas cosas. Las mujeres se han convertido en su objetivo principal queriendo que se sometan a estar detrás de los hombres sin rechistar. Kidane reside en las dunas con su familia y su ganado, un buen día tiene un enfrentamiento con un pescador y aquello no acaba bien, se tendrá que enfrentar al tribunal islamista que es quien el poder, y acatar la sentencia que le marquen.

Mostrar el fanatismo extremo religioso es algo delicado, pero muy necesario, en Timbuktu está hecho con tacto exponiendo hechos bajo la mirada expectante de la cámara como si del género documental se tratase, dando así una visión global de la situación pues se nos pone en bandeja ambas partes, para que cada uno reflexione al respecto y no poner a todos en el mismo bando. Un canto a la libertad y a la diferenciación de gentes dentro del mismo país, raza o religión.

El guión también nos puede ambientar la parte positivo o ensoñadora de este lugar y lo hace por medio del futbol, hay una secuencia realmente buena y que es la que más me impactó visualmente, nos recrea una liberación para los jóvenes, poder desarrollar un deporte, un sueño para ellos. Un dato, se puede hablar de futbol pero no desarrollar el deporte, algo incomprensible para mí, la opresión que puede generar un fanatismo religioso o político, o la mezcla de ambos.

Pero luego después de ese sueño del futbol, con una música que te envuelve maravillosamente, llega la cruda la realidad y el director de Timbuktu ha jugado con las imágenes y de la bondad nos vuelca a la crueldad de los hechos, resultando la combinación tan impactante y conmovedora que ahí te vuelva en un clima totalmente intenso y reflexivo.

Hay un fondo de rebeldía y de alzar las manos en los personajes, que aunque no se note demasiado está presente en todo el metraje, pues se hace lentamente, y eso me impacto y me alegro al mismo tiempo, esas personas que no quedan ajenas ante lo que les imponen.

La represión que corta la libertad de la persona siempre es una crueldad, pero si además, la notas como una dictadura con normas antinaturales y fuera de lugar, como espectador distante en kilómetros, tu fuero interno se revela y se reconcome. Es un fuerte documento visual que no deja indiferente, siendo una obra sencilla pero llena de matices profundos que hieren la sensibilidad humana.

Timbuktu es una de las películas que están nominadas a Mejor película de habla no inglesa en los Oscars, pero tendrá que jugarse ese premio con films de la talla de Ida, Leviatán, Tangerines y Relatos Salvajes.

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