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Crítica de El caso Heineken

Carece de dinamismo y de escenas espectaculares, en definitiva de garra para atrapar al cinevidente.

El cine siempre es una fuente didáctica y cultural en ocasiones llena de echos históricos que nos aportan datos echados en el olvido y que el séptimo arte los resurge haciendo justicia en algunos casos ya que en un momento puntual de la historia pasó de puntillas, quedando guardado en lo más recóndito de alguna biblioteca o hemeroteca. Desde luego aquí en España cuando se bebía la Mahou de botellín y El Aguila no tuvo mucha repercusión el secuestro del magnate de la cerveza Heineken.

Crítica de El Caso Heineken

Ahora que la marca de cerveza que da título a la película es conocida mundialmente, la historia de su fundador adquiere relevancia más si se trata de un secuestro que tuvo en vilo a los habitantes de los Paises Bajos, el morbo está servido.

El caso Heineken es la historia del secuestro del magnate de la cerveza Heineken y de su chofer por parte de una banda de secuestradores sin demasiada experiencia y que quieren un rescate desorbitado para la época.

Nos encontramos ante una película un tanto decepcionante con esa sensación que le da al espectador de que se ha desperdiciado una buena historia. El caso Heineken es un metraje con poca ambición a pesar de que el tema principal paradójicamente no es otro que la ambición, parece más que un thriller, una aventura de Los cinco, ese libro que hizo las delicias de los más jóvenes allá por los cuarenta hasta los sesenta.

Carece de dinamismo y de escenas espectaculares, en definitiva de garra para atrapar al cinevidente. La película tiene a su favor el echo de estar basada en un caso real que siempre es un reclamo aunque no una garantía. Pero esa flojedad que nos ofrece el trabajo de su director Daniel Alfredson no es óbice para instruirnos y saber más cosas sobre el conocido caso, ya que pagas al menos irte con la sensación de saber algo más.

Los actores están correctos pero la trama se queda muy escasa, el largometraje está más enfocado a la situación de los secuestrados y sobre todo al enfoque de los secuestradores y se echa de menos saber más sobre cómo van las investigaciones por parte de la policía. No se puede elogiar mucho de la trama como se ha dicho anteriormente, es más una película para ver y olvidar, sin demasiados adornos que dejen una huella imborrable.

A su favor es de justicia decir que hay una frase que ya solo por ella merece la pena haber visto la película y no quiero desvelarla pero si dar aviso de que es un punto de inflexión, como adelanto solo decir que habla del dinero y la amistad, en España hay muchos refranes sabios sobre el tema sin duda nada nuevo, pero si interesante de la manera y en el contexto en que se expresa en este trabajo.

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Anthony Hopkins (Freddy Heineken) se podría decir que es una repetición del papel que ya hizo en El silencio de los corderos, verle aquí recuerda muchísimo al ya famoso Hannibal Lecter , esa seguridad en sí mismo, manipulando a sus captores como si él tuviera las riendas de su destino. Quizás lo mejor de la película.

La producción da la sensación que se ha gastado más en los actores que en el conjunto global con las consecuentes carencias que se han dicho de falta de dinamismo y acción.

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