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Crítica de Independence Day: Contraataque

La película encuentra su talón de Aquiles en un guion confuso y sin chispa que hace añorar el que escribieran Dean Devlin y Roland Emmerich para el primer largometraje.

Crítica de Independence Day: Contraataque

El alemán Roland Emmerich se hizo un hueco en Hollywood gracias a la repercusión comercial de Soldado universal, Stargate y, especialmente, Independence Day. En aquel título de 1996, el director germano aplicaba el esquema de película coral propia de los filmes catastróficos de los años setenta a los elementos más característicos de aquellos otros largometrajes que abordaban las invasiones extraterrestres. La cinta combinaba diálogos repletos de humor un tanto pueril, grandes dosis de nacionalismo estadounidense, tramas secundarias un tanto convencionales, un espíritu heredero de las viejas serie B y la habilidad para el espectáculo de Emmerich. Alargada en exceso, aquella superproducción se encontraba lejos de la perfección, pero dejó algunas imágenes perdurables, como aquella en que una nave alienígena destruía La Casa Blanca.

Dos décadas después, el filme se ha convertido en un clásico de los blockbusters y cuenta con un nutrido grupo de seguidores, formado en gran parte por todos aquellos que fueron niños y adolescentes en esa época. Su fama ha propiciado una secuela que ha dirigido el propio Emmerich.

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Independence Day: Contraataque pretende repetir la jugada, aunque el resultado se encuentre por debajo de la primera parte. El cineasta teutón nos cuenta el regreso de los extraterrestres a La Tierra recuperando algunos de los personajes icónicos en aquélla, especialmente el presidente de los Estados Unidos y el científico que ayudaba a salvar el planeta; mostrándonos a los hijos de algunos protagonistas de su precedente y reduciendo las dosis de patriotismo. No obstante, el resultado es una película más aparatosa y menos divertida que encuentra su talón de Aquiles en un guion confuso y sin chispa que viene firmado por cinco guionistas, entre los que se encuentran el propio Emmerich y Dean Devlin, autores de la historia original.

Bien es cierto que el libreto de la primera parte no era una maravilla, aunque resultaba bastante más acertado y coherente que éste. Se echan de menos también los elementos de comedia en gran parte de los diálogos y las tramas secundarias, tan tópicas como los del primer largometraje, son bastante menos interesantes. Por otro lado, no hay imágenes de impacto como en el filme de 1996 y la idea de ampliar el papel del científico loco, al que da vida un irritante Brent Spiner, resulta sumamente desacertada.

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En definitiva, Independence Day: Contraataque intenta convencer con los mismos elementos que su modelo, pero acaba siendo una mala copia que solamente puede fascinar por sus aspectos técnicos. Gran parte del fracaso reside en el descuido con el que se ha abordado la parte humana de la historia y el mal trabajo de su nutrido reparto. Ni siquiera el científico que da vida el siempre competente Jeff Goldblum acaba de  brillar. Menos aún lo hacen el marmóreo Liam Hemsworth, tan hierático como su hermano Chris, y una decepcionante Maika Monroe, muy lejos de su magnífica interpretación en la notable It Follows.

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