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Crítica de El contable. Rain Man cogió su fusil

Imposible mezcla de película de acción y drama familiar con un impávido Ben Affleck, cómodo en el papel de hombre autista de doble vida.

Los deseos de sorprender y ofrecer algo nuevo de los directores y guionistas pueden chocar, en ocasiones, contra el muro de la verosimilitud. Es el caso de El contable, una cinta que se debate entre la película de acción de sabor ochentero y el típico drama sobre una familia desestructurada.

Crítica de El contable.

Crítica de El contable

El propio protagonista, un individuo autista que esconde tras su fachada de contable y genio de las matemáticas a un peligroso asesino, parece más propio de un cómic con ínfulas que de una cinta más o menos seria. De hecho, la doble personalidad del rol principal, un tipo aparentemente normal que oculta a un hombre de acción, recuerda en más de un aspecto a las historias de superhéroes. Un género en el que su actor principal, un pétreo Ben Affleck, es experto gracias a sus particulares encarnaciones de Batman o Daredevil.

No obstante, el director Gavin O’Connor, responsable de las poco memorables Cuestión de honor y La venganza de Jane, y el guionista Bill Bubuke patinan cuando quieren trascender el mero espectáculo de tiros y peleas. Los conflictos familiares del protagonista, la particular relación con su hermano y su historia de superación no van más allá del lugar común y están escasamente desarrollados. Además, la forma de incluir estos elementos dramáticos en la trama de acción, a través de flashback que entorpecen la narración, resulta sumamente desacertada.

No es el único defecto de un filme con más pretensiones que verdaderos logros. El libreto acaba desvelándose excesivamente marrullero al recurrir a giros tramposos que quieren sorprender al espectador, pero que, en la mayoría de las ocasiones, solamente le provocaran la risa involuntaria.

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Por otra parte, el guion deja poco espacio a los roles secundarios, que son una mera comparsa de ese héroe lleno de claroscuros al que Affleck da vida sin mover demasiado los músculos de su angulosa cara. El largometraje malgasta así el talento de una  estupenda Anna Kendrick, en el algo anodino papel de una empleada de la empresa que el protagonista tendrá que auditar, o un no menos carismático J.K. Simmons, como el responsable de la división criminal del Departamento del Tesoro intrigado por el misterioso personaje principal.

En resumen, El contable triunfa cuando se limita a ser un actioner, pero fracasa estrepitosamente cuando se adentra en el traumático pasado de un Rain Man de armas tomar.

Crítica de Julio Vallejo Herán.

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