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Crítica de “La tortuga roja”. Imprescindible largometraje animado de Michael Dudok de Wit

De la colaboración entre entidades francesas y los estudios japoneses Ghibli el director Michael Dudok de Wit ha tenido la oportunidad de derrochar todo su talento, y de qué manera.

Sin duda no se equivocan los que apuestan por alguien de la calidad artística de este ilustrador y ganador de numerosos premios por sus cortos animados, que llega a las pantallas con su primer largometraje; “La tortuga roja”.

El estudio Ghibli cambia de color en su cabecera y pasa del azul al rojo, es llamativo este detalle para los que no nos hemos perdido una sola película de esa factoría, ya sea “El castillo ambulante”, “El viaje de Chihiro”, “Mi vecino Totoro” y un sinfín de producciones.

Crítica de “La tortuga roja”

“La tortuga roja” sorprende por muchos motivos, pero el más acuciante quizás sea por su sencillez y a la vez la complejidad de la que goza una película que carece de diálogos, que es capaz de expresar tan solo con la fuerza de sus imágenes, llegando a deslumbrar, ¿cómo algo tan sencillo es a la vez tan impactante? La respuesta estará en las salas, esperemos que innumerables porque es una película que sin duda hay que evangelizar y mostrar a nuestros descendientes como un verdadero regalo.

Es imprescindible no perderse este bonito largometraje en el que Michael Dudok de Wit arriesga con un trabajo en el que sus personajes no pronuncia ni una palabra, pero lo sorprendente de todo es que no les hace falta, porque cada fotograma es una frase, un fonema, un verso y cada trazo un monema lleno de expresión propia, es arte y color.

Un náufrago da con sus huesos en una isla donde tiene que aprender a sobrevivir, no cuenta con más compañía que unos simpáticos cangrejos y la tortuga roja que da título a la película y que cambiará su perspectiva.

La clave de este trabajo es sin duda la humildad de la historia y de sus personajes,  el minimalismo de las imágenes y el amor por algo en lo que verdaderamente se cree, es una película hermosa, de una belleza sublime, que muestra valores como la perseverancia, la superación (caerse y volverse a levantar), al amor por la naturaleza y por el reino animal, es una metáfora a la vida, a la familia, al pasar del tiempo y a la muerte, se ven similitudes  al paraíso y a un Adán que busca a Eva y la saca no de una costilla y si de una tortuga, en cierto modo tiene algo bíblico.

Los trazos de la animación tradicional consiguen con una simplicidad pasmosa unos paisajes preciosos.

Es un filme de una gran profundidad, adornado de color que logra transmitirnos con un estilo que apunta hacia la llaneza las cosas importantes de la vida y es quizás otro de los grandes méritos de la cinta.

Uno no puede evitar viéndola recordar algunas de las maravillosas secuencias de “El cuento de la princesa Kaguya” con imágenes admirablemente creativas y de gran sentido poético y artístico envuelto en una extraordinaria banda sonora que hace que nos arrope en una historia que toca los corazones.

Crítica de Antonio Arenas.

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