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Crítica de Una noche fuera de control. Previsible despedida de soltera

Puntuación:

La realizadora y guionista Lucia Aniello, responsable de algunos capítulos de la serie de televisión Broad City, reúne todos los tópicos de este tipo de filmes: alusiones sexuales, consumo de alcohol y drogas, una reflexión repleta de lugares comunes sobre el deterioro de la amistad y elementos bastante forzados de comedia romántica y thriller.

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Poco original refrito de Resacón en Las Vegas, La boda de mi mejor amiga, Despedida de soltera y Very Bad Things, entre muchas otras.

La denominada Nueva Comedia Americana ha convertido las juergas en casi un género cinematográfico. Quizá las grandes culpables de este boom sean Resacón en Las Vegas y sus secuelas. A este respecto, resulta curiosa la vertiente femenina de esta particular tendencia, donde encontramos títulos como La boda de mi mejor amiga, Despedida de soltera o la española Cómo sobrevivir a una despedida.

Crítica de Una noche fuera de control

Una noche fuera de control parece un particular batiburrillo de todas las películas citadas mezclado con la hoy olvidada Very Bad Things, el debut en la dirección de largometrajes de Peter Berg. Todo huele a fórmula en esta historia sobre una senadora que invita a cuatro de sus mejores amigas a su despedida de soltera en Miami. Como todo el mundo adivinará, nada resultará de la manera esperada.

La realizadora y guionista Lucia Aniello, responsable de algunos capítulos de la serie de televisión Broad City, reúne todos los tópicos de este tipo de filmes: alusiones sexuales, consumo de alcohol y drogas, una reflexión repleta de lugares comunes sobre el deterioro de la amistad y elementos bastante forzados de comedia romántica y thriller.

La sensación de déjà vu impregna cada fotograma y el filme solamente triunfa en algunos momentos, como aquellos protagonizados por una parejita madura adicta a las orgías, que encarnan unos divertidos Demi Moore y Ty Burrell, o un gag que bromea con la actual obsesión por los atentados terroristas en aeropuertos.

Ni siquiera las actrices acaban de brillar. El rol de Scarlett Johansson, la supuesta protagonista, pierde fuerza a lo largo de la película, mientras que Zoe Kravitz e Ilana Glazer, que interpretan a las amigas lesbianas, son poco más que meras comparsas. En muchos aspectos la cinta acaba convirtiéndose en un vehículo para el lucimiento de Jillian Bell, que encarna a una insoportable mujer rellenita y graciosa que parece un cruce de los personajes que suelen encarnar Rebel Wilson o Melissa McCarthy, y Kate McKinnon, excesivamente histriónica como la improbable amiga australiana del personaje principal.

No obstante, quizá lo peor de este pastiche no sea su falta de ideas, sino el miedo a inquietar al espectador, que fuerza a sus responsables a ofrecer un desenlace inverosímil y sumamente conservador, un elemento que emparenta al filme con gran parte de esas comedias estadounidenses que se venden como gamberras y rompedoras, aunque sean sumamente conformistas y tradicionales.

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