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True Detective: maniqueísmo noir con gabardina

La primera temporada de True Detective, uno de los mejores estrenos de los últimos años toca a su fin y desembarca en la orilla de la pequeña pantalla.

La sombra de la expectación se cierne imponente y recelosa sobre la impaciente audiencia.

La mismísima HBO apadrinaba y firmaba la obra, pero por aquel 12 de enero nadie confiaba en una serie como True Detective. Dirigida en la umbría por los parcialmente desconocidos Nic Pizzolatto (creador y guionista) y Cary Joji Fukunaga (director al que se le recuerda por trabajos como ‘Jane Eyre’ y ‘Sin nombre’), protagonizada por un actor de 2º fila y algo pasado de vueltas como Woody Harrelson y un tal Matthew McConaughey, un paciente que comenzaba a dar signos de vida interpretativa tras un coma inducido que se había prolongado durante años.

Póster serie True Detective

Los 2 primeros episodios parecían hasta dar la razón a esos pesimistas. Con el lento ritmo de un pesado coloso noir, True Detective imponía desde la lejanía pero parecía que nunca iba a ser capaz de llegar hasta nosotros para que comprobásemos personalmente el ciclópeo tamaño del andamiaje que conformaba su figura.

A partir del 3º capítulo se aproximó cada vez más. El plano secuencia del 4º continuó una orgía de sensaciones para la audiencia, que pasó de apática a entusiasmada. Internet y las RRSS no se hicieron de rogar. En horas, todo espacio virtual estaba empapelado con elogios hacia la “nueva serie de culto” y teorías sobre futuribles finales de una producción que comenzó sin hacer demasiado ruido para terminar rompiendo el expectante silencio con un atronador rasgueo de guitarra que se sostuvo hasta su mismo final, que analizaremos a continuación.

El tándem Pizzolatto-Fukunaga que dirigía las ya no tan desvencijadas marionetas comenzaba a recibir parte de un más que merecido reconocimiento. Woody Harrelson, fiel escudero de un valor que cotizaba al alza como McConaughey, pasó de ser un actor correcto a realizar uno de sus mejores papeles (esto no quiere decir que dejase de ser un actor aceptable, pero la sensación de que el rol de Marty estaba escrito para él era muy palpable).

Matthew McConaughey se merece un párrafo aparte. El de Texas experimentó una de las mayores transformaciones acontecidas en los últimos tiempos y que son tanto del gusto del paladar norteamericano, aficionado a historias de superación con final feliz. McConaughey pasó de novio de América a su siniestro ex. No obstante, irónicamente cuando mejor actor eres hay mayores posibilidades de que menos gente te vea serlo porque el cine comercial y las grandes actuaciones no siempre tienen que cruzar el paso de cebra de la mano (de ahí que McConaughey arrase en los premios y en TV sólo retransmitan sus comedias románticas en lugar de filmes en los que comenzaba su “rehabilitación” como el notable drama judicial El inocente).

McConaughey comenzó True Detective sin gozar todavía del crédito mayoritario y terminó la temporada con 1 Globo de Oro, 1 Oscar y una seria candidatura al premio Emmy.

Por otra parte, los datos están ahí. La 1ª temporada de True Detective cerró con un récord de audiencia (la 2º serie debutante más vista de la historia de la HBO) y doblando las cifras de su estreno.

Sobre el final de True Detective

Los ínfimos detalles escondidos intencionada o inintencionadamente en los fotogramas milimétricamente comprobados dieron pie a varias teorías. El hype enrarecía el aire que respiraba todo curioso espectador que se dignase a googlear la serie. Precisamente este afán del ser humano por resolver las cosas de manera autodidacta combinado con la brutal proyección que ofrecen Internet y enmarcado en éste, las RRSS, proporcionaron el escenario para el crimen perfecto: asesinar el verdadero significado de la serie.

La exhaustiva búsqueda de más culpables, de cualquier prueba que incriminase a alguien en el caso nos alejaban más y más de la verdadera esencia de True Detective. Y ésta no es más que los propios protagonistas. Pizzolatto y Fukunaga nos dieron las alas para que nuestra imaginación volase fantaseando con hipótesis, cuando la verdadera trama de la serie se entretejía ante nuestros mismos ojos.

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La profundidad de Rust Cohle y Marty Hart, la relación entre ambos, la evolución de cada uno, sus respectivos discursos (recalcamos especialmente las líneas del personaje de McConaughey porque su propio papel se las brinda pero Harrelson también goza del beneplácito del guión en más de una ocasión).

En True Detective nada o casi nada estaba dispuesto al azar. Las palabras no formaban parte de un pretencioso torrente sinsentido sino que eran el cincel que esculpían a sus emisores y lo hacían ante nuestros propios ojos, todo un espectáculo en movimiento digno de ver.

Estamos acostumbrados a los finales felices y cerrados, dónde los buenos comen perdices y todos los malos son arrestados, de ahí dimana que el final de True Detective choque en un principio. Pizzolato no sació la sed de los teóricos conspiratorios pero proporcionó a su pequeña obra maestra el golpe de gracia necesario.

La digestión será dura para muchos, que se jactaban de haber hallado la solución al complicado teorema propuesto por la serie. Ciertamente, es imposible no sentir una mínima decepción al ver que las especulaciones terminaron en saco roto pero True Detective nos enseña una útil máxima sobre la vida: la justicia plena no existe. La única variable que interviene es el turno de la partida de poker en el que decides plantarte y conformarte con la mano que tienes.

En definitiva, True Detective nunca otorgó demasiada importancia al caso que Rust y Marty investigaban. Pizzolato utilizó precisamente la investigación como excusa para proporcionar a McConaughey y Harrelson un escenario dónde desenvolverse y hallar la redención que finalmente obtienen, después de que ésta planease sobre ellos cual espada de Damocles. Porque, aunque antes comentásemos que al final de True Detective quizás no se le permita entrar al “club de campo de finales felices, es sin duda lo más optimista a lo que podíamos aspirar teniendo en cuenta el tono pesimista y dolorosamente realista y gris de la narración habitual.

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Finalizada una sobresaliente temporada de una serie que contaba con el factor sorpresa como principal virtud y aliado, resta por conocer en los próximos meses más datos sobre la 2ª temporada (que salvo McConaughey podría contar con integrantes del reparto de la 1º pero variará completamente el argumento, la localización…).

Hasta entonces nuestra única consolación es contemplar el cielo estrellado y pensar, citando al gran Rust Cohle,  que “si me preguntas, la luz está ganando”.

Acerca de Sergio G. Arias

Estudiante de Periodismo. Pienso, luego escribo. Colaborador en https://www.cineralia.com/ y Redactor en http://www.elfutbolesinjusto.com/ y http://www.loslunesseriefilos.com/

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