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Crítica de “Verano en Brooklyn”. Un viaje hacia la madurez con mucho arte

Puntuación:

Una sinopsis con una aparente falta de profundidad y una puesta en escena correcta pero del montón son las principales responsables de este desconcierto inicial que se desvanece a los 5/10 minutos

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Este costumbrista filme de amistad adolescente fue lanzado a competición en Sundance y proyectado en la Berlinale este pasado 2016.

Hay quienes muchas veces rehúyen sin miramientos de invertir una ínfima parte de su tiempo en sentarse a visionar lo que comúnmente se conoce como cine indie, o alternativo. No es ignorancia, tampoco prejuicios, simplemente se han acomodado en la convencionalidad de los tempos rápidos, las estructuras narrativas lógicas y los personajes encasillados que el cine comercial proporciona en todas sus propuestas modernas.

Esta sin duda es una grave situación que habría que revertir, elevar las posibilidades del cine es un deber que directores como el norteamericano Ira Sachs tienen en cuenta en la concepción de su trabajo artístico –y luego cinematográfico-, quien logra sacar al espectador de su zona de confort en cada uno de sus proyectos.

El cineasta de Memphis esta vez nos trae “Verano en Brooklyn” (“Little Men”), un drama independiente y neoyorquino el cual toma como protagonistas a dos chicos de orígenes distintos pero que por casualidades de la vida terminan conviviendo juntos en un mismo edificio del emblemático barrio de Brooklyn.

Los jóvenes -preadolescentes- forjan al poco tiempo un curioso vínculo de amistad que solo se ve interrumpido por un conflicto material entre sus respectivos padres, originado en el arrendamiento de un local propiedad del difunto abuelo de uno de los muchachos pero alquilado por la madre del otro, quien posee una boutique de vestidos.

Protagonizado por Theo Taplitz, Michael Barbieri, Greg Kinnear y Paulina García (nominada a mejor actriz secundaria en los Independent Spirit Awards) y escrito por Mauricio Zacharias y el mismo Sachs, este costumbrista filme de amistad adolescente fue lanzado a competición en Sundance y proyectado en la Berlinale este pasado 2016.

Crítica de “Verano en Brooklyn” (“Little Men”)

El metraje empieza a rodar y difícilmente el espectador será capaz de reconocer o al menos intuir lo que se le viene encima. Una sinopsis con una aparente falta de profundidad y una puesta en escena correcta pero del montón son las principales responsables de este desconcierto inicial que se desvanece a los 5/10 minutos, cuando una original e inquietante interpretación de un chico de no más de trece años empieza a desenvolverse entre andares peculiares y aportaciones verbales inteligentes.

A este se le suma otro joven igual de logrado y una familia repleta de rostros conocidos, quienes por un motivo de lo más cotidiano tejen ya desde un principio lo que será el hilo conductor de todo el largometraje, un hilo interesante, sutil y seductor pero quizás aún insuficiente para complacer a un público sediento de esas experiencias ‘espirituales’ de las que tanto presume el cine independiente.

Acto seguido pues, la previsibilidad de la trama puramente realista se ve amenizada por un detallismo  complejo de edificar y difícil de hallar en el cine norteamericano, también truncada por un par de escenas verdaderamente emocionales y de una gran delicadeza, subjetivamente capaces de hacer mella en la sensibilidad más íntima de uno, que arriesgándome un poco aseguraría que será sobretodo la del espectador más joven, capaz de identificarse con estos preadolescentes ubicados en un proceso de autoconocimiento y del mundo que les rodea, que es la madurez, integrado por el modernizado barrio de Brooklyn, el arte –y en especial el teatro-, sus padres y el dinero.

De este modo el director de “Verano en Brooklyn” (“Little Men”) logra constituir una situación de tensión excitante y absorbente, aprovechándose de lo humanamente morboso del contexto consigue enganchar al receptor en este microuniverso constituido por unas interpretaciones magistrales, siempre salpicadas por el sexto sentido –sensibilidad- característico del artista, o del que está en proceso de serlo, una forma de percibir la realidad diferente con la que Ira Sachs nos regala alguna pequeña joyita en forma de reflexión pragmática sobre lo que representa el oficio de crear.

Los actores, pequeños y mayores, consiguen transmitir en cada plano de “Verano en Brooklyn” (“Little Men”) un sinfín de emociones, pensamientos, preocupaciones y pretensiones tan humanas como uno mismo.

Un conflicto costumbrista y pequeño, material y superficial, que esconde una realidad mucho más profunda e intelectualmente vital para sus protagonistas y el espectador implicado.

Crítica de Raimon López.

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