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Nuevo terror, viejo terror. Crónicas de Sitges, lunes 14 y martes 15

Desde Sitges 2013 llegan las Críticas de “Hooked up”, un found footage grabado con un iPhone y “We Are What We Are”.

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En su apuesta de este año por los nuevos formatos de cine de género barato e independiente (ya que la tecnología digital y la multiplicación de cámaras y canales de distribución permiten hacer un cine con menos presupuesto que nunca), el festival de Sitges ha programado en su sección oficial la ópera prima del joven realizador Pablo Larcuén, “Hooked Up”, found footage grabado enteramente con un iPhone (como exhibe orgullosa la propaganda del filme) cuyo estilo juvenil, directo y sucio contrasta con el de otros contendientes al premio que hemos visto en los últimos días, películas de terror clásico como la interesante “We Are What We Are”.

En su debut, Larcuén nos narra la historia de dos estadounidenses, amigos de toda la vida, que deciden correrse una juerga en Barcelona con la intención de olvidar a la novia de uno de ellos. Guiris en tierra extraña, el inicio de la película juega a la comedia (como ya hizo la estupenda “REC”, cada vez más exagerada en sus sucesivas secuelas, referente inexcusable de la película de Larcuén) y pone sobre la mesa muchos de los tópicos a los que se enfrentan los extranjeros que pisan por vez primera nuestro país (sangría barata, fiestas multitudinarias en la discoteca Apolo, la necesidad constante-sobre todo por parte de uno de los dos colegas- por encontrar una chica con la que acostarse esa misma noche…). Es cuando los protagonistas entran en una antigua casa con la esperanza de acostarse con un par de desconocidas que el terror se desata, ayudando un diseño de producción muy conseguido a un guión no excesivamente original que se mueve entre las constantes clásicas del found footage salvaje, más gore (muy bien conseguido para tratarse de un filme tan barato) y sobresaltos que verdadero suspense.

“Hooked Up” tiene el mérito de interesarse por los devaneos mentales de sus dos protagonistas hasta el final, elaborando un discurso que, más allá de los sustos y la casquería, se pregunta sobre la amistad y las obsesiones románticas (en esencia, la película es una vuelta de tuerca sangrienta a la clásica elección entre amigo o novia; en cierto sentido, al final el gore se lo acaban montando los dos amigos ellos solitos).

Con unos actores jóvenes muy bien elegidos (nos cuenta el director que hizo un casting online amateur en Estados Unidos, juntando a gente de diversos sitios y fijándose en la química entre ambos), una estética trabajada y un cierto alejamiento de la manía actual de explicarlo todo (la naturaleza de la amenaza no llega a esclarecerse), “Hooked Up” es una ópera prima no excesivamente original pero sí entretenida, eficaz y sin complejos. Y con el aval de Jaume Collet-Serra.

Sitges 2013. "Hooked up".

Rodada en inglés (lo cual de algún modo asegura cierto mercado internacional, ya que Larcuén no quería quedarse en el localismo) y, como ya hemos dicho, exclusivamente con un iPhone (lo cual también tiene mucho de maniobra publicitaria, dado que este formato al filme no le aporta mucho más que lo que aportaría el uso de una cámara réflex u otra cámara ligera similar), “Hooked Up” es una de las primeras muestras de talento de un joven cineasta al que no hay que perderle la pista.

Aunque la premisa de “We Are What We Are” no es original, sino adaptada de un filme mexicano de 2010 (pronto veremos remakes que se estrenan antes que el original), el director Jim Mickle consigue distanciar su versión de la anterior, rebajando la sexualidad y salvajismo de aquella (parábola, al fin y al cabo, de la situación criminal del México actual) y articulando más bien una crítica poco disimulada pero estéticamente más correcta y clásica a los fanatismos religiosos y a las tradiciones caducas.

En esencia, la película nos narra la historia de una familia que acaba de perder a la madre. Esta situación de partida servirá para explorar a fondo las habitaciones de su antigua casa en medio de los pantanos, revelándole poco a poco al espectador que cuando el padre dice que ha llegado el momento de comer del cordero de Dios, se refiere a algo mucho más literal que de costumbre. Se complementan muy bien un guión que ahonda más en el suspense y en lo no dicho que en los sobresaltos o la carnaza, dosificando la información, y una dirección de arte y fotografía que deben mucho a otras muestras del llamado american gothic (esa mezcla improbable de argumentos de fantasmas con personajes y lugares de la América más profunda; historias de terror clásico protagonizadas por fundamentalistas y paletos).

La película es interesante sobre todo por su desenlace, en el cual las tramas convergen (a lo largo del filme, veremos al clásico “investigador externo” que va tirando del hilo para revelar y revelarnos la verdad, y que sabemos que no acabará muy bien parado) y el guión se deja de medias tintas para entregarse a un cierto salvajismo que se agradece tras hora y media enfrentados a un estilo visual potente pero frío, vago.

Aparte de esto queda, obviamente, una reflexión acerca del significado de la familia, una pregunta abierta sobre la necesidad de reformular algunas tradiciones antiguas (los hábitos alimenticios de la familia no son de este siglo; el director los juzga pero acaba perdonándolos) y unas interpretaciones convincentes de un reparto bastante joven. No nos hizo saltar de miedo en el asiento, pero su suspense nos mantuvo en vilo durante toda la proyección.

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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